Irlanda- Viaje express, albergues y acantilado.

¡Buenas tardes viajeros! Hace una semana que volví de Tailandia y se me acumulan las aventuras, así que pasamos al siguiente capítulo con Irlanda. Una idea que surgió de un día para otro, con una oferta de vuelos que lanzaba Ryanair, una excusa para poder seguir viajando, en definitiva. Después de llegar al aeropuerto y casi perder el vuelo, llegué a aquella tierra fría y húmeda llamada Irlanda.

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Era de noche, y llegaba a Dublín para pasar noche en uno de los albergues de la zona. Después de perderme y preguntar a varias personas, por fin conseguí llegar y pasar la noche sobre caliente. Nuevo día, y con ganas de disfrutar explorando la ciudad. Gente que se movía sin parar en bici por sus calles, amables y muy acogedores. Lo que más llamaba la atención era el constante colorido de lo que te rodea, entradas de puertas de todo tipo de colores, desde púrpura, verde o azul turquesa.

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Nada más salir del albergue, un hombre paseando en bicicleta.

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Las luces y vidrieras de una de las iglesias de Dublín.

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Las entradas de las casas de colores.

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Así eran las entradas de algunos locales.

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O incluso alguna pintada en la pared.

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Recorrerse el río y observar como se cuela la luz del sol entre las casas coloridas, con los reflejos dorados del atardecer. Perderse en el Phoenix park, sin duda fue una de las mejores opciones, prácticamente un bosque en mitad de la urbe, con ciervos libres merondeando por la zona. Sin duda, te permite estar en contacto con la naturaleza y la vida salvaje. Apenas estaba a 2 metros de uno de ellos, mientras le observaba, sin entrometerme demasiado, sentado en el césped.  La confianza de los cuervos con la gente se asemejaba bastante a las palomas en pleno retiro.

Dublín

Las vistas de la ciudad desde el río

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Phoenix park

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Uno de los cuervos en Phoenix park

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Después de que pasaran las últimas luces entre las cornamentas de los ciervos, llegó la noche y la ciudad se llenaba de vida, de bares y buen ambiente. Temple bar se convertía en la calle por excelencia para jóvenes de la zona y turistas. Era llamativo la cantidad de mendicidad que había por la ciudad. Después de disfrutar de alguna que otra pinta en varios bares, llegó la mañana para coger un autobús que llevaba a Galway, ciudad muy turística y frecuentada al otro lado del país. He de reconocer que me gustó mucho más esta segunda. Los cantantes callejeros tocando con una amplia sonrisa y las vistas al Atlántico sin duda son las dos cosas que me llevo.

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Antes de volver a Dublín, merecía la pena acercarse a uno de los lugares más conocidos de la zona, los acantilados Cliff of Moher. Con apenas una hora para visitarlos y volver al autobús, decidí asumir algo de riesgo y meterme en los precipicios. Este fue el resultado.

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¡Hasta aquí este viaje express! Pronto seguiré con más trabajos y viajes. Cualquier sugerencia o comentario, aquí 😀

 

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